miércoles, 17 de septiembre de 2014

Augusto Comte

AUGUSTO COMTE:


(Auguste Comte; Montpellier, 1798 - París, 1857) Pensador francés, fundador del positivismo y de la sociología. Con la publicación de su Curso de filosofía positiva (1830-1842), Augusto Comte apadrinó un nuevo movimiento cultural del que sería considerado iniciador y máximo representante: el positivismo. Tal corriente dominaría casi todo el siglo XIX, en polémica y algunas veces en compromiso con la tendencia antagonista, el idealismo. Como todos los grandes movimientos espirituales, el positivismo no se deja fácilmente encasillar en las etiquetas de una definición estricta y precisa. En sentido muy alto, puede decirse que es una revalorización del espíritu naturalista y científico contra las tendencias declarada y abiertamente metafísicas y religiosas del idealismo.
Rompiendo con la tradición católica y monárquica de su familia, Augusto Comte se orientó durante la época de la Restauración hacia el agnosticismo y las ideas revolucionarias. Después de una primera juventud cerrada y rebelde, ingresó en 1814 en la Escuela Politécnica de París, donde, en contacto con las ciencias exactas y la ingeniería, se sintió atraído fuertemente, junto con muchos compañeros de escuela, hacia aquella especie de "revolución de los técnicos" que iba predicando el Conde de Saint-Simon.

Disuelta la Escuela Politécnica por el gobierno reaccionario de 1816, Comte, contra la opinión de sus padres, permaneció en París para completar sus estudios de forma autodidacta, ganándose el sustento con clases particulares de matemáticas, que durante casi todo el resto de su vida fueron su fuente principal de ingresos. Desde 1817 se vinculó a Saint-Simon, para el cual trabajó de secretario hasta su ruptura en 1824. Ese año un trabajo de Comte (Plan de los trabajos científicos necesarios para reorganizar la sociedad) fue reprobado por su maestro.
El motivo de la discordia era mucho más profundo: Saint-Simon y Comte habían compartido durante largo tiempo el concepto de una reorganización de la sociedad humana a través de la dirección de las ciencias positivas, y formaron conjuntamente el plan de renovar por completo la cultura para elevarla al nivel de tales ciencias; pero Saint-Simon quería pasar de los planes científicos a la organización práctica de aquel "sacerdocio" que habría de dirigir la nueva sociedad, en tanto que Comte no consideraba todavía completos los desarrollos teóricos.
La publicación por su cuenta de aquella obra le granjeó la amistad y aprecio de numerosos historiadores, políticos y científicos (Guizot, A. von Humboldt, el duque de Broglie), sintiéndose Comte estimulado para emprender su gran obra, aquella enciclopedia de las ciencias positivas que sería luego el Curso de filosofía positiva (1830-1842). Mientras tanto, sin la aprobación de sus padres, se había unido en matrimonio civil con una joven y cultísima dama de París, mujer de eminentes cualidades intelectuales, enérgica y devota de su marido, pero quizá no tan tierna y sumisa como él hubiera deseado. Precisamente por aquel tiempo (1826-1827) sufrió Comte su primer acceso de locura; los padres hubiesen querido recluirlo, pero su esposa supo retenerlo junto a sí con gran energía y curarlo.
Ya repuesto, Comte concentró sus energías en el Curso de filosofía positiva (1830-1842). Descubierto bajo la influencia de Saint-Simon el problema social, Comte consagró su esfuerzo a concebir un modo de resolverlo, cerrando la crisis abierta por la Revolución francesa y sus consecuencias. Halló la respuesta en la ciencia, hacia la que estableció un verdadero culto: el conocimiento objetivo que proporciona la ciencia debía aplicarse a la ordenación de los asuntos políticos, económicos y sociales, superando las ideologías apoyadas en la imaginación, los intereses o los sentimientos.

Contra la libertad de pensamiento, origen de la anarquía moral que atribuía a la Revolución, no oponía el dogma religioso o los principios de la tradición, sino la «ciencia positiva» que, al atenerse a los hechos tal como son, proporcionaba -según él- el único punto de apoyo sobre el que se podría edificar un futuro de «orden y progreso». Contrario al individualismo y a la democracia, confiaba en un mundo regido por el saber, en el que productores y banqueros ejercerían una especie de dictadura.
Tales ideas, fundamento del pensamiento positivista, tendrían un gran éxito en los países occidentales desde mediados del siglo XIX, proporcionando un credo laico para el mundo del capitalismo liberal y de la industria triunfante. Sin embargo, Comte vivió una vida desgraciada: el exceso de trabajo le produjo problemas psiquiátricos, un intento de suicidio y el abandono de su mujer. Su rebeldía y su intransigencia le impidieron insertarse en el mundo académico.
Al tiempo que redactaba el Curso de filosofía positiva, Augusto Comte fundó con antiguos compañeros de la Escuela Politécnica la Asociación Politécnica, destinada a la difusión de las ideas positivistas, y, a pesar de la enorme fama conseguida, no logró nunca una sólida posición oficial; llegó a enseñar en la Escuela Politécnica desde 1832, pero no pudo obtener cátedra en ella, y fue expulsado en 1844.
Esta vida agitada, la constante concentración mental, el empeoramiento de las relaciones con su esposa, que terminaron con la separación (1842), y finalmente un nuevo amor senil y compartido sólo a medias por Clotilde Devaux, provocaron hacia 1845 una nueva crisis mental, cuyos efectos se advierten en sus últimas obras, el Sistema de política positiva (1851-1854) y elCatecismo Positivista (1852). Esta última, en la que expuso el evangelio de la nueva religión positivista de la Humanidad, ofrece matices desconcertantes en muchos aspectos y en su lenguaje.
Para fomentar el nuevo espíritu positivista había fundado también, en 1845, una especie de cenáculo en el que se reunían amigos y discípulos, pero este heraldo de la filosofía científica contemporánea había perdido por entonces todo contacto con la ciencia viva de su tiempo, concentrado sólo en sus meditaciones subjetivas. Sólo la ayuda económica de algunos admiradores (como Émile Littré o John Stuart Mill) le salvó de la miseria. Con todo, lo mejor de su pensamiento, reflejado en el célebre Curso de filosofía positiva (1830-1842), estaba destinado a ejercer una gran influencia sobre las más diversas ramas del conocimiento (filosofía, medicina, historia, sociología) y sobre corrientes políticas diversas (incluyendo el pensamiento reaccionario de Maurras)

PENSAMIENTO

HOMBRE: 

El pensamiento filosófico de Augusto Comte nos muestra la unidad de lo humano y lo social, la unidad de la historia humana como un todo. En una primera etapa [4], Augusto Comte reflexiona sobre la sociedad de su época, describiendo como el aspecto teológico se encuentra próximo a expirar, de cara al nacimiento de la sociedad científica e industrial, instaurándose la doctrina de la ciencia positiva y la ciencia social. En la segunda etapa, representada por las lecciones de Curso de Filosofía Positiva En la tercera etapa[6], se plantea un fundamento filosófico a la idea de la unidad de la historia humana, a saber: La noción de naturaleza humana y social durante el curso de la historia; y en segundo lugar, el reconocimiento de un orden esencial como sustrato de toda la sociedad Podemos entonces afirmar, que la ciencia pensada por Augusto Comte es una ciencia que estudia las leyes fundamentales de la unidad en la evolución humana y que descubre el determinismo en el ámbito social, ya que la historia de la humanidad es el desarrollo de la naturaleza humana.

DIOS:

Si nos ocupamos del estudio de la idea de Dios en el pensamiento de Comte es por considerarlo como  el  principal fundador del positivismo en Europa, que abrió  la sociología como saber científico y que pone en el saber experimental y positivo  el principio de regeneración social. El Dios de las religiones definitivamente eliminado. Comte busca la regeneración universal de una sociedad y, especialmente la europea, que ha caído en la anarquía y el desorden por la revolución y necesita un sistema de conocimientos y normas comparables al elaborado por el pensamiento cristiano para la sociedad medieval, no válida para el estado  positivo, porque esa fe ha sido eliminada  por el progreso de las ciencias. Dice a este respecto Comte:” Desde la edad de catorce años, apenas salido del Liceo, había experimentado la necesidad fundamental de una regeneración universal al mismo tiempo política y filosófica“(Curos de Philosophie positive Pref. p. VI)

MUNDO:

Las concepciones teológicas y metafísicas del [73] mundo, según Comte, son sustituidas por el «método positivo», que exige la renuncia al «saber absoluto» (ante todo, al materialismo y también al idealismo objetivo). La fórmula trimembre de Comte tergiversaba la historia real de la ciencia y de la filosofía: del esquema quedaba excluido, por ejemplo, un período entero del desarrollo del pensamiento humano: la época grecorromana. La fórmula de Comte, en última instancia, constituía una deforme imitación de la tríada dialéctica, tomada de Saint-Simon. Comte utilizó su esquema trimembre para la clasificación de las ciencias y para sistematizar la historia civil. En el terreno de la sociología, Comte (a quien pertenece el término «sociología»), se situaba en una posición biológica, anticientífica, para explicar la sociedad. La idea reaccionaria fundamental de su teoría sociológica consiste en afirmar que es inútil querer transformar revolucionariamente el orden burgués. En el capitalismo, en opinión de Comte, culmina la evolución de la historia humana. Comte consideraba que el medio para establecer la armonía social es la propaganda de una «nueva» religión en la que el culto a un dios personal se sustituye por el culto a un ser superior abstracto (al género humano en general). Obra principal de Comte: «Curso de filosofía positiva» (1830-42).

CONOCIMIENTO:

Basado en la experiencia y el conocimiento empírico de los fenómenos naturales, en el que la metafísica y la teología se consideran sistemas de conocimiento imperfectos e inadecuados.

Respecto a los orígenes del positivismo, consideramos en primer lugar, la tradición humanista - científica heredada del siglo XVIII y de la Revolución Francesa. Luego los problemas sociales, los cambios institucionales a veces violentos que atenta la inteligencia del hombre europeo. En tercer lugar, una razón negativa: el positivismo representa una reacción contra la filosofía meramente especulativa, sin raíz alguna en los hechos que afectan al individuo y a la sociedad. El positivismo pretende establecer, a partir de los hechos y sólo de ellos, leyes que expliquen este mundo, y sirvan para actuar sobre él; y no fantásticas teorías sobre entidades que nadie percibe y sobre mundos del más allá.

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